1 Dato y 1 Consejo para hablar en público

¿Te ha pasado tener que hablar frente a un grupo de personas y sentir que no puedes o que lo vas a hacer mal?

Después de 8 años trabajando en esto, puedo ofrecerte un dato y un consejo que te ayudarán.

 

Primero, el dato.

 

Hablar es un hábito. No me refiero solo a cuánto hablas, sino al cómo. La forma en la que te comunicas -incluído cómo hablas- es algo que aprendiste influido por las personas que te han rodeado en etapas decisivas de tu vida, de modo que no es extraño que escuches frases como “hablas igual que tu papá” o “tienes los mismos gestos de tu mamá” o “tú y tu hermano hablan igual”. Incluso, es posible que, ya de grande, hayas admirado mucho a alguien y hayas adoptado, consciente o inconscientemente, sus formas, palabras, dichos, etc.

 

Así, las palabras que usamos, la forma de hablar, nuestro acento, gestos, ciertos modismos, etc., todo ha sido aprendido y repetido durante años sin darnos, quizás, mucha cuenta, y fuimos construyendo nuestra propia forma de hablar.  

 

¿Cómo me sirve este dato?

 

Que hablar sea un hábito, como lavarme los dientes, es una buena y útil noticia, pues así como me acostumbré a hablar de cierta forma, puedo aprender a hacerlo de otra diferente si lo necesito.

 

Para generar un hábito, debo repetir una acción la cantidad de veces suficiente hasta que se me haga habitual, de modo que llegue el momento en que lo haga naturalmente, sin tener que pensarlo.

 

Vuelvo al ejemplo de cuando te lavas los dientes. Esto es -o al menos espero que lo sea- un hábito, ¿verdad? Lo has hecho durante años de la misma forma y hoy puedes pararte frente al espejo y cumplir con él pensando en cualquier otra cosa. Hasta puede que te laves los dientes mirando televisión o mientras buscas las llaves de tu casa. El movimiento mecánico de tu muñeca y tu mano hacen su trabajo sin que debas prestarle mucha atención, hasta terminar el proceso. Esto es mecanización. Has hecho algo tantas veces, que tu cuerpo aprendió a hacerlo sin que debas pensar en ello.

¿Cómo aplicas esto al hablar en público?

 

Pues bien, podría suceder que te cueste hablar en público o enfrentar una entrevista de trabajo.

Hablar en público tiene dos dificultades fundamentales: una es técnica y la otra es emocional. Hoy solo me referiré a la técnica que, eventualmente, podría influir en la emocional.

Como ya notaste, el cuerpo aprende movimientos y los mecaniza, es decir, logra repetirlos automáticamente y con naturalidad, incluso, haciendo pequeñas variaciones y ajustes cuando es necesario.

Así, puedes aprender las técnicas necesarias para hablar en público tan rápido como seguido te expongas a esa experiencia.

Sí, lo siento, debes hacerlo. No existe la posibilidad de que te tomes una pastilla y amanezcas mañana siendo un orador fulminante; debes practicarlo. Claro que no necesitas pararte en un escenario, puedes partir por algo más cercano y amigable; una reunión de amigos, la reunión familiar anual, el discurso sobre el cumpleañero de la oficina o el amigo que se casa. Incluso, algo más simple, eso dependerá de ti.

 

Si te cuesta corregir a alguien o hablar frente a grupos de personas, parte por practicar en contextos más cómodos y observar qué te sirve y qué no, luego vas acercándote a las situaciones que te tensionan más. De a poco, un paso a la vez, puedes practicar hasta mecanizar y convertirte en un orador de buena calidad.

Ahora, si buscas más que eso, quizás debas buscar un curso o a un profesional que te enseñe y ayude en el proceso, como lo harías con cualquier otro tema de tu interés.

No importan los nervios, asúmelos como parte del proceso, al menos al principio. Aquí toca salir de la zona de confort y empezar a practicar, hablar, probar qué te resulta y qué no, pararte derecho, definir el objetivo de tu discurso y decidir qué incluirás en él y qué no.

 

Tú puedes lograr lo que quieras, solo debes aprender qué y cómo trabajar para hacerlo.

Si quieres entrenar tu habilidad de hablar en público o cualquier otra, contáctame en cualquiera de mis plataformas y te ofrezco una primera evaluación sin costo. ¡Atrévete!